March 2011
At the very least we want a witness. We can’t stand the idea of our own voices falling silent finally, like a radio winding down.” —Margaret Atwood (via suzywire)
si tú eres un anhelo o una limitación, porque si se trata de enfocarse en los primeros no es tan difícil la parte de enfocarme, lo terrible es el efecto que me genera hacerlo precisamente en ti.
Ahora si te veo como una limitación, podría darle sentido a muchas cosas que no pasan, porque parecieras tener detenidas, agarradas con hilos invisibles, desde tu rincón oscuro, para que simplemente yo voltee cada vez preguntando “por qué”, y anhelando…que las sueltes o que vuelvas.
Quizás antes de escribir esto debería documentarme más, he ojeado notas de prensa sobre las consecuencias del terremoto, algunos ensayos traducidos sobre los efectos de la radiactividad que se está produciendo en diferentes lugares de Japón, he visto titulares sobre la caída de la bolsa, o de cuántos millones de $ se necesitarán para reconstruir la isla, y aun sin saber mucho sólo puedo pensar que frente a una sociedad tan avanzada y organizada como la nipona puede resultar risible el aporte que desde este lado del mundo pueda hacer yo.
Me pregunto, cuántos de los que vemos trabajando incansablemente en restaurantes o quincallas habrán perdido a sus familias.
Me pregunto en cuánto tiempo volverán a consolidarse como una de las primeras potencias mundiales, mientras a nosotros las tragedias naturales, políticas y económicas se nos repiten en la línea del tiempo y no aprendemos, no avanzamos, ni cambiamos. No sabría decir si nos estancamos, o vamos para abajo, pero es esto justamente lo que me hace preguntarme a qué se debe que los japoneses vengan a un país como este a “buscar futuro”.
Serán cuestiones demográficas? Serán cuestiones políticas?
Me pregunto si debí escribir esto en vez de leer sobre Japón.
Es más, qué pensarán de nosotros en Japón-pón?
que tú podrías estar celebrando un comienzo!
y yo a ti te sigo amando.
Hay quienes celebran encuentros, de una noche, de meses, de años, yo podría celebrar lo mismo, no he dejado de encontrarte en todo este tiempo en los pasillos, en las escaleras, en el ascensor, en el estacionamiento…
Yo podría celebrar tu silencio, las verdades que se te escapan con la mirada, también la lectura continua de tus gestos, que me conozco completos, o simplemente ese nuevo estilo de camisas arremandagadas con converse, que demás está decir que me encanta.
Hoy, celebro la despedida que me ha enseñado tanto de ti, de mi, de nosotros, en realidad de la vida; y sin embargo, me siento ilógica, pero quién ha dicho que hay que tener motivos para celebrar la vida?
Antes de que termine el día escribo a la nada que 720 días después yo te amo todavía.
Hacía tiempo que no tenía las ganas de llorar a flor de piel, pero hoy entre el frío, los nervios y tu mirada, fue sencillo que terminara en mi sofá llorando, con un día precioso a mis espaldas.
Cuestionar el tiempo, las lecciones o las pruebas de vida, y todo lo que pasa o deja de pasar es una incoherencia que fluye entre lágrimas, sin encontrar una respuesta, repitiendo al vacío que no se trata de olvidarte ni de dejarte de querer, pero sólo porque unas horas antes una buena amiga así me lo decía, no porque yo lo crea, o sepa entonces de qué se trata.
Es que amar(te) no es racional, y pensar(te) tampoco, llorar(te) duele, aunque ya casi no pueda, pero esa tristeza no se suelta de otra forma, ya no creo en el ron.